Durante años hemos escuchado que la lucha contra el cambio climático depende de las grandes decisiones políticas, de la innovación tecnológica o de la transformación de los modelos productivos. Todo ello es cierto. Pero existe un factor también determinante que a menudo pasa desapercibido: la capacidad de movilizar a las personas.
Bajo la superficie del Mediterráneo, a apenas unos metros de profundidad, se extienden praderas de Posidonia oceánica que llevan miles de años generando oxígeno, fijando carbono y albergando una biodiversidad extraordinaria.